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LAS SOLUCIONES A LA CRISIS REQUIEREN UN ENFOQUE DE GÉNERO




Se espera responsabilidad de los Gobiernos para frenar el aumento de las Víctimas de Violencia de Género como consecuencia de la pandemia 



Después de tres meses de estados de alarma y de medidas restrictivas a la movilidad en muchos países del mundo durante la pandemia, nos ha dejado situaciones graves en violencia contra las mujeres; no solo han aumentado las cifras de victimas sino que las llamadas de emergencia han aumentado hasta un 60%, en comparación con el último año, en muchos países de Europa y en América Latina donde también se reportan números alarmantes, tal como lo confirman los datos recientes de Amnistía Internacionl[1].

 Aunque las denuncias de estos hechos violentos en sede de la autoridad competente, estén apuntado a una reducción en época del Covid-19, ha de entenderse que este hecho puede darse a las dificultades que se suman para acceder a instancias judiciales o policiales, pero no porque haya mermado el número de víctimas.   Ahora con las medidas urgentes por la crisis sanitaria, las mujeres que sobreviven a un hecho de violencia encuentran más obstáculos para huir de su maltratador o para poder acceder al sistema judicial que les ofrezca medidas judiciales de protección. 

Antes de la crisis, en Europa, una de cada cinco mujeres sufría violencia de su pareja en el hogar; ahora los confinamientos y las medidas de aislamiento para contener la propagación del virus las han expuesto a mayores riesgos de abusos en el ámbito familiar a manos de sus parejas o ex parejas, o de otros miembros de la familia. 

Aunque estas medidas de urgencia nos protegieran contra el virus, también hay que aceptar que su implementación permitió el acceso a la inseguridad y a más violencia contra las mujeres en toda Europa. Los estudios que se han realizado por Amnistía Internacional lo demuestran; miles de mujeres salieron a la luz durante la pandemia, la violencia contra la mujer está aumentando, en una media del 30 % en países como Francia e Italia. Por lo que esta situación requiere una urgente evaluación por parte de los gobiernos, porque tal como lo afirma Marie Strutherds, de Amnistía Internacional: “Aunque los Estados tienen la obligación de tomar medidas para controlar la propagación de la pandemia, los derechos humanos deben ocupar el lugar central de todos los esfuerzos de prevención, contención y tratamiento.”[2]

De igual manera, las denuncias públicas de como suben las cifras en países como Colombia, son permanentes.  En ese país se registraron, en el primer período del confinamiento, un aumento en un 51 % en el número de mujeres víctimas de violencia de género.  Tampoco nos deja indiferentes la estadística en el número de las llamadas a los teléfonos de prevención, que aumentaron en un 79%, de las cuales 132 de esas llamadas fueron por violencia machista y 55 relacionadas con violaciones sexuales.  En Brasil, este número de llamadas también aumentó en un 50 %.  En Argentina, por su parte, se registró un crecimiento en las llamadas a los teléfonos habilitados para la prevención en violencia de género en un 30 %.

De todos estos datos, extraemos un punto en el que convergen las causalidades y son las relativas a las medidas de confinamiento, aislamiento social y/o toques de queda (aunque en Brasil operara en forma irregular), que se impusieron en estos países pero sin alternativas o medidas intermedias que garantizara la protección de derechos a  las mujeres que ya eran víctimas de maltrato y, en ocasiones, para las que existía una orden de protección, o que requerían esos servicios mínimos de atención, asesoría, refugio o albergues. 

No podemos pasar por alto, los datos que se denuncian por la ONU, y que dan razón   mas que suficiente para adoptar políticas de protección para las mujeres, además de las que se implementen para solucionar la crisis económica y social que se tendrá que afrontar por los gobiernos una vez que se haya parado el contagio. 


"En el mundo 6 mujeres son asesinadas cada hora por su pareja o ex-pareja; en promedio 100 mujeres cada día". 


1. El impacto de la pandemia golpea más a las mujeres.

Aunque los efectos del virus se sintiera diferente, según fuera la situación económica y social,  las medidas de contención aplicadas por los Estados coinciden en propiciar más la violencia contra las mujeres y niñas.

En un comienzo de la emergencia, nos informaban que el virus no discriminaba y podía atacar a cualquier persona sin distinción alguna. Pero, lo que tenía un tinte de veracidad, poco a poco ha ido cambiando y esta afirmación no es del todo cierta. Hay colectivos más vulnerables que otros;  depende de la situación económica de las familias, de la intervención social del Estado, de las ayudas y la asistencia social; además, y es fundamental, depende de cómo funcione  el sistema de salud y la cobertura que tenga.

 El  impacto de la pandemia golpea entonces de una manera o de otra, con menos o con más efectos secundarios; no es lo mismo como golpea a aquellas mujeres del sector informal (como pasa en algunos países de América Latina) o las que quedan al margen de la fuerza laboral de un país, con trabajos no pagados (en Colombia la mitad de las mujeres quedan fuera de la fuerza laboral); o para aquellas que tenían un único ingreso para sus familias y tuvieron que abandonar su actividad imprevisiblemente como consecuencia de las medidas de los toques de queda o confinamientos; por lo que el grado de vulnerabilidad económica en que deja a las mujeres y sus familias con escasos medios de subsistencia, es muy grave. 

La desprotección y la falta de planes de contingencia para solucionar el impacto económico que está dejando el Covid-19, propicia el riesgo de las mujeres en escenarios de más violencia, desigualdad y discriminación.


2. Las medidas de aislamiento social son un enemigo para la seguridad de la mujer.

Sin duda, el confinamiento y el aislamiento social, son medidas que aseguraron contener el objetivo principal de la emergencia, en este caso frenar el contagio del virus por Covid-19; pero ha quedado bien acreditado que pueden llevar consigo, y de manera oculta la otra cara del virus: “más violencia para las mujeres”. 

Las largas cuarentenas,en aquellos casos en los que se vive en un ambiente hostil y perjudicial para la mujer y las/os menores, generaron un ambiente propicio para la violencia en las familias; el estrés, la perturbación de los entramados sociales y de protección, la pérdida de ingresos y el menor acceso a servicios pueden aumentar el riesgo de violencia contra la mujer, como lo ha afirmado la Organización Mundial de la Salud (OMS)

Reconocer estos efectos significativos y evaluar el los costes adversos, es un ejercicio que ayudará a la prevención ante una nueva amenaza de rebrote del virus;  ya no existiría excusa para no medir el riesgo y superponer los derechos humanos de las mujeres y de las niñas que han sido, como bien se ha dicho en otras ocasiones, las víctimas invisibles del coronavirus.  Algunos efectos de los confinamientos o del aislamiento social, son: 


  •  Durante el aislamiento de las mujeres en sus casas con quien es o puede ser el maltratador, se convierte en un grave riesgo para ella y sus hijo/as. 
  • Por la propia exposición de las mujeres y las niñas al interior de las familias, puede generar un riesgo para que sean objeto de violencia sexual.
  • Con las restricciones de movilidad y el cese de las actividades productivas, se suspenden servicios esenciales de salud sexual y reproductiva para las mujeres, que son también derechos fundamentales. En ocasiones, se desvían o reducen los recursos de salud ordinarios para suplir aquellos que se necesiten en una emergencia sanitaria, dejando a la deriva otros esenciales, como centros de justicia, refugios, albergues.

3. Guía para proteger los derechos de las mujeres y las niñas:

La Alta Comisionada para los Derechos Humanos, junto con la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y el mecanismo regional para la Convenciónde Belém do Pará (MESECVI), han presentado una “guía principal con lineamientos claros en el marco de la pandemia de Covid-19, exhortando a los Estados a desarrollar medidas en el marco de sus obligaciones con los Derechos Humanos.  Pero esta guía, debería hacer parte de las hojas de ruta en todos los Estados y exige decisiones que aun esperamos.

Ahora mismo se requiere una respuesta urgente. Los gobiernos preparan planes nacionales de recuperación económica y social y  es el momento,  tanto para éstos,  como para las Organizaciones Internacionales, plataformas de organizaciones no gubernamentales, asociaciones de mujeres y de la sociedad civil, para la protección de los derechos humanos de las mujeres y las niñas.

En Países de Latino américa, donde existe una tasa alta de mujeres trabajadoras informales,  se requiere un mayor esfuerzo por parte de estos gobiernos para la respuesta con una reactivación económica que facilite el empoderamiento de las mujeres, su participación en la toma de decisiones y que ataje lo relacionado con el aumento en la violencia machista y la desigualdad.

Después de creer que avanzábamos en una prometedora dirección, ahora además la crisis económica que ha dejado el Covid-19, el desamparo y la desprotección de los derechos humanos de las mujeres, también es un efecto grave para resolver en la crisis mundial que se nos avecina.
Gamboaldany

Madrid, 23 de junio 2020.




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